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martes, 21 de agosto de 2012

GENTE&ESTILO

VIAJES / POR CARRETERAS SECUNDARIAS

Boby y los fantasmas de un palacio que se convirtió en hospital

Con el día de verano todavía fresco por recién nacido, o 

porque viene sin ganas de andar a la greña, al salvar un 

repecho nos encontramos con Mérida acostada a lo lejos, 

y entendemos la astucia y el sentido práctico de los romanos

Día 21/08/2012 - 13.10h

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Que el viaje te sorprenda. Que te cambie los planes. Que te abra los ojos. Que el viento te vuele la sombrilla. Que un giro equivocado te descubra un espejismo y sea un palacio en medio de la nada, o un hospital donde un perro pastor sin raza ni pedigrí sienta todavía la presencia de la muerte y del dolor. La verdadera naturaleza del viaje es la de dejarse arrastrar por lo imprevisto. Ocurrió esta mañana.
Salimos todo lo temprano que permite tener que encontrar cada día una historia, convertirla en imágenes y en palabras y enviarla a la fábrica para que la transformen en algo más que humo, que dure al menos hasta que la noche se vuelva a hacer irremediable. Salimos de Alcuéscar por la vía pecuaria«un camino descarnado, como si le hubieran arrancado el pellejo», dice la fotógrafa, hacia Mérida y Valle de la Serena. Enseguida por la N-630. Como suele ocurrir desde que iniciamos esta especie de aventura calculada el grueso del tráfico circula por la autovía y nosotros avanzamos solos, sin compañía en ninguno de los dos carriles. Bajo la luz del primer sol, los nimbos que cubren el horizonte parecen señales de humo de una tribu extremeña que ha desenterrado el hacha de guerra. Pasamos la frontera invisible de Badajoz (no hay más remedio que fiarse de las señales que clavan los teólogos en la realidad y los topógrafos en los mapas) y luego salvamos un río, el Aljucén, y a continuación, el pueblo, arracimado en torno a un iglesia sin gracia, ancha como una gallina derrengada, con las casas como pollos blancos dormitando al calor de su vientre emplumado.
El embalse Proserpina le envía un mensaje a la Venus Ataecina que encontraron en el valle del Trampal alquesqueño. Como un abanico, a la derecha de la marcha se despliega el Parque Natural de Cornalvo, que contiene la sierra Bermeja. Campos amplios como la vista que se pierde llanura adelante. Con ese ánimo, y el día de verano todavía fresco por recién nacido, o porque viene sin ganas de andar a la greña, al salvar un repecho nos encontramos con Mérida acostada a lo lejos, y entendemos la astucia y el sentido práctico de los romanos. La misma nacional que traíamos nos arrima a un Guadiana que no parece sufrir las cauciones del estiaje, un Motor Emeritus y un Hotel Tryp Medea: ¿No tienen miedo los clientes de este hotel de dormir bajo la advocación de la hechicera? Es lo bueno de no saber nada del teatro y la mitología griegas. Te permite conciliar el sueño sin pensar qué fantasmas van a velarlo, o a cobrar su parte de tu descanso. Por una sutil cremallera de hitos que son estatuas que celebran el pasado glorioso de Mérida salimos otra vez al cambo de batalla sin más determinación que la curiosidad de perdernos y atenernos a sus consecuencias. Si en Cáceres no imaginábamos bosques tan verdes y tupidos, tampoco sospechábamos que Badajoz atesorara tanta agua como la del embalse del Alange, aunque los pescadores dicen que ha bajado el nivel, que apenas ha llovido este invierno. Es gracias a la EX-105 que descubrimos otra ciudad a la que habría volver: por su balneario. A las puertas de Alange, un padre y sus hijos pescan con más entusiasmo que fortuna. Uno de los más jóvenes atrapa a un alburno. Son de Villargonzalo, pero viven en Alcorcón, a las afueras de Madrid. «La brisa espanta la pesca». Riza el agua del embalse y suaviza el ardor del sol.
Entre olivos y chumberas, oteros suaves de tierra oscura y bien labrada. Entramos en Palomas a tomar un café justo después de atravesar la Cañada real leonesa. Cómo no acordarse de Babia. El bar Marfil se llama pub aunque de lo que tiene trazas es de lo primero. El dueño se cansó de tentar la suerte en Alcalá de Henares y hace siete años se volvió al pueblo:
–Porque no había nada que hacer allí.
–¿Y aquí?
–Al menos sobrevivimos.
Los pocos que prestan atención a lo que se ramonea la televisión matutina echan pestes de Urdangarín y de la monarquía. La mayoría está afuera, aprovechando la sombra y el frescor de la mañana. Todos están jubilados.
«Antes venían ganados de Soria, de Ávila, de León. Pero eso se acabó hace mucho. Ahora los pastores no se van tan lejos, ni siquiera se quedan en el chozo. Tienen su coche y se vienen a dormir al pueblo», dice Manuel Lechón, de 87 años, agricultor.
«Yo estuve cinco años en Francia, trabajando en la metalurgia, y una temporada en Suiza», dice su primo hermano, Manuel González, a punto de cumplir los 90, que también pasó buena parte de su vida arrancándole el sustento al campo.
Preguntamos por las minas de wolframio de Valle de la Serena:
«Mi padre trabajó en ellas, pero como albañil. Levantando casas en la colonia minera. A mí me tuvo como ayudante cuando tenía 19 años», cuenta Juan José Vázquez, de 69, que pasó dos temporadas en Alemania, una en Suiza y luego ha hecho un poco de todo: «el camión, Abengoa…».
Llega Victoria Aranda, hija de uno de los jubilados, que se acoge al derecho de no decir la edad, aunque confiesa que tiene dos hijos trabajando. Es la primera que saca el tema del sanatorio de tuberculosos: Las Poyatas. Y la cosa se anima. Que si tenemos que ir a verlo, que si tiene 365 ventanas («una por cada día del año»), que si lo cerraron hace cincuenta años y se llevaron a todos los enfermos a Montalvo (en Salamanca), que si lo quiso comprar Camilo Sesto, que si querían convertirlo en un hotel. Manuel Lechón cuenta que «tenía dos operadores» (cirujanos), José y Damián Téllez: «Cuando tenía 19 años uno de ellos me trató. Tenía calenturas (fiebres de malta). Mi tío Paco fue a Elvas, en Portugal, a comprar la medicina que aquí no teníamos, y eso me salvó la vida». Juan José Vázquez cuenta que su abuela trabajó en el sanatorio «limpiando a los enfermos». ¿Cómo no desviarse?
Por la EX-212 (siempre nos recordará el prefijo de Nueva York, aunque sea también el de Marruecos) no hay forma de perderse, porque el palacio, el castillo, el hospital… lo que quiera que sea sale al encuentro del viajero y enseguida atrapa su imaginación, sea la de Truman Capote en una callejuela de Brooklyn, la de Ernesto Sabato en una de Buenos Aires, la de nosotros niños ante una casa grande, cerrada y, por lo tanto, misteriosa. Pero no lo habríamos descubierto, ni nos habríamos animado a profanar la propiedad privada si no hubiéramos entrado en el pueblo de Palomas y hubiéramos pegado la hebra con los parroquianos del pub Marfil: «Están los pastores en la parte de atrás. Abran la cancela de la finca y entren». Hay que escuchar a los viejos.
Bajo el sol de mediodía de agosto, el conjunto, mimetizado con los sienas y ocres de la tierra, entre palmeras, con torres almenadas y aspecto abandonado, tiene todas las trazas de un espejismo. Abrimos el portalón de dos hojas y entramos por un camino pedregosoque desemboca en lo que bien podía haber sido un oasis: tres palmeras, un par de higueras, un olivo, una alberca seca, una cabaña abandonada que recuerda a la del fugitivo de El espíritu de la colmena… y un pozo grande y lleno de agua que refleja las ramas de una de las higueras y la perplejidad de las nubes. Avanzamos hacia lo alto esperando que alguien aparezca de pronto y nos dé el alto mientras se agolpan las referencias cinematográficas y literarias, fruto de la fantasía calenturienta y la soledad del paraje, hasta el punto de que las escobas parece ocotillos. De Las mil y una noches pasamos a La montaña mágica, aunque nada más lejos de aquellas cumbres suizas… salvo la tuberculosis. ¡Qué mejor lugar para una cuarentena! Damos la vuelta al edificio, que nos contempla con sombría indiferencia. Tras la estampa heroica, aunque venida a menos, con las torres coronadas de nidos de cigüeñas, detrás surge un largo pabellón blanco, y en la lejanía la trama de agua del embalse de Alange.
Boby y los fantasmas de un palacio que se convirtió en hospital
CORINA ARRANZ
Juan Gordillo con Boby
La silueta de Juan Gordillo aparece como recién salido de una película de Sergio Leone, bajo el sol de cuarzo, enmarcado por el portalón del corral. Alto y sin pistolas, con sombrero pajizo y una camisa en la que el sudor ha dejado su impronta, el pastor es más tranquilo que su perro, Boby, un descastado como su amo, pero con tanta dignidad como él. Ninguno de los dos alardea de nada. Se muestran tal como son. Natural de Ribera del Fresno, donde nació hace 48 años, tiene un hijo y espera otro. Él y un compañero, perdido en alguna parte de la inmensa finca de 700 hectáreas de encinas, cuidan de 1.200 ovejas: «No ha llovido nada. Está todo muy seco y apenas hay pasto». Pero antes de meterse en harina hay que recurrir a la tecnología. A él no le importa que tomemos fotos del exterior de Las Poyatas, pero para entrar hace falta hablar con el propietario. «Porque ha habido robos, y ha entrado gente y ha sacado fotos en internet». Para eso están los teléfonos celulares. Hay que persuadir de las intenciones que se traen. Los dueños no solo acceden, sino que facilitarán esa misma noche valiosas informaciones sobre el palacio situado en una pequeña elevación en el término municipal de Palomas. A Juan Gordillo no le desagrada la vida de pastor:
–No hay otra cosa. Pero no me disgusta.
Acompañados en todo momento por Boby, el pastor convertido en encargado, en guía que no se muestra ni obsequioso ni seco, va abriendo las puertas y respondiendo a todo lo que puede responder. Tras atravesar la nave que fue pabellón de enfermos, y donde ahora amontona la avena para preparar el pienso para las ovejas y donde tiene aparcado su viejo Opel Vectra, y donde huele a verano, entramos en el patio posterior, presidido por una fuente seca. La primera puerta, atrancada como casi todas, es la de la capilla, donde ha encontrado techo una bandada de palomas, que se agitan al ver invadido su santuario. Revolotean sobre un retablo y una Virgen de poca valía (“dos santos han sido robados”, dice Juan señalando dos hornacinas vacías), metafóricas encarnaciones de un Espíritu Santo de la canícula extremeña.
El pastor no ha salido nunca de su tierra, pero admite que el futuro pinta mal:
–Habrá que emigrar a otro sitio. Nadie sabe qué hay que hacer.
Con las puertas atrancadas para que el palacio no atraiga más destrozo del ya sufrido, la luz se filtra por las rendijas de las contraventanas entornadas y sobre todo por dos claraboyas que iluminan la gran escalera de mármol que comunica las dos plantas de un extraño sanatorio lleno de estancias vacías. Una gran chimenea de cerámica preside el salón principal, decorado, como el resto de la estancia, con azulejos sevillanos de bestiario, caza, guerra y heráldica. Recuerda, a escala reducida, la que no servía para derrotar al frío de la mansión del alter ego de William Radolph Hearst en Ciudadano Kane. Cuenta el pastor que «iban a hacer una película. Estuvieron estudiando el lugar. Dijeron que iban a traer caballos. Pero la cosa quedó en nada». Siempre a nuestra espalda, y siempre dócil y afectuoso, el perro, que me recuerda a Gol, el fox-terrier que tuve de pequeño, aunque la raza de este sea la de un listísimo can de palleiro, se niega a obedecer a su amo, a acompañarnos a la planta superior. Como mucho se atreverá a llegar al primer descansillo, pero no más allá. Es como si Boby sintiera la presencia de fantasmas. Pero no de los que sirven para rellenar películas banales, sino el dolor de los que aquí venía a morir, que al parecer fueron muchos. Lo resume Juan de un plumazo:
–No había medicina ni ná de ná.
Boby y los fantasmas de un palacio que se convirtió en hospital
CORINA ARRANZ
Juan Gordillo
No fue hasta el año 1941 en que se realizaron los primeros ensayos clínicos de la penicilina en seres humanos. Pero el abaratamiento y la utilización masiva del descubrimiento del doctor Alexander Fleming no llegaría hasta la Segunda Guerra Mundial. Demasiado tarde para muchos de los inquilinos del sanatorio de Las Poyatas. Desde las almenas, las chimeneas y las torres, ahora coronadas por grandes nidos de cigüeñas que han migrado a África, se domina la inmensa finca. Un aislamiento digno de la línea Maginot para garantizar la cuarentena de los tuberculosos que en aquella España de la posguerra morían como chinches. A lo lejos se ven las encinas que han sobrevivido a la posible quema de las más cercanas a la casa para alimentar las chimeneas del improvisado hospital, que debía quedarse helado con facilidad: «Los inviernos son muy duros aquí». Boby no se fía. Prefiere esperar a que terminemos la inspección por salones, pasos perdidos, voces que acaso se quedaron impregnando los preciosos azulejos azules de un aseo, el pasamanos, las ventanas por las que asoman vestigios del duro sol extremeño.
Terminamos la visita en los pabellones donde todavía se aprecian las marcas de los lienzos que separaban las habitaciones de los dolientes. Ahora son galpones donde duermen las ovejas. Nos despedimos de Juan Gordillo y de Boby a la puerta del almacén. El olor de la paja se mezcla con el de la avena. El silencio es confortable:
–Aquí no te molestan los del botellón, que es una ventaja muy grande, dice con suave socarronería.
–¿Y no se queda a dormir?
–No, me daría miedo.
–¿No le pesa a veces tanta soledad?
–A veces, Pero siempre hay tarea.
–¿Y no tiene una radio?
–Me traía una. Pero ahora no tengo ni radio.
–¿Y no le gusta leer?
–Leer no me gustaba ni de chico, así que ahora…
Cuando enciende un cigarrillo se le acentúan los rasgos de vaquero del Lejano Oeste español, esta Extramadura de paisajes tan desconocidos como hermosos. Juan podía ser perfectamente el protagonista de un Western de estas tierras, que hablara de la realidad española contemporánea, de la Gran Depresión en la que estamos sumidos y de la que nadie parece saber cómo salir. Nos despedimos afectuosamente de él y de su perro. Boby mueve el rabo. No nos ladró ni cuando llegamos. En honor de los dos pastores, y en cuanto nos alejamos, ponemos el disco que Johnny Cash dedicó al libro de himnos de su madre. ¡Qué mejor homenaje!
* * *
Esa misma noche llegará por correo electrónico un mensaje de los dueños del Sanatorio con informaciones acerca del Palacio de las Poyatas, un pastiche historicista que bien podría volver a la vida convertido en hotel. Cuando salgamos de esta estrecha y larga vaguada.
Boby y los fantasmas de un palacio que se convirtió en hospital
CORINA ARRANZ
Capilla en el palacio de las Poyatas
Construido a fines del XIX o principios del XX por el arquitecto sevillanoAníbal González, responsable de obras como la plaza de España, en su ciudad natal, perteneció a la hija del marqués de Valderrey, Dolores Toro de Guzmán Sánchez Arjona, quien ordenó su construcción. Como doña Dolores murió sin dejar descendencia, la heredaron sus sobrinos, entre ellos la condesa de Egaña, Dolores Pidal Toro de Guzmán, casada con Antonio Moreno de Arteaga, quien se encargó de gestionar la finca. Fue al término de la guerra civil española, en 1939, cuando se desató una gran epidemia de tuberculosis. Moreno de Arteaga cedió el llamado Palacio de las Poyatas a la Diputación de Badajoz para convertirlo en hospital. De ahí le quedó el nombre de El Sanatorio. Se cree que después de doce años la diputación devolvió el palacio a sus dueños, que se lo dejaron en herencia a su hija, Julia Moreno Pidal, que a su vez se lo vendió en el año 1995 a José Blanco Roco. Es propiedad de sus herederos. Inmueble sin duda exótico, cuenta con 4.000 metros cuadrados, dos plantas y sótano, unas cuarenta habitaciones, capilla, salones, patios y naves auxiliares. En el patio principal de la fuente vemos la capilla que presenta planta rectangular con cabecera semicircular con el remate almenado y los torreones propios de las antiguas capillas medievales. Actualmente dedicada al aprovechamiento agrícola y ganadero, la idea de sus propietarios es rehabilitar el edificio para convertirlo en hotel rural de lujo por el atractivo y singularidad del lugar... Y borrar así los vestigios de tanto dolor como quedó enterrado aquí, y que solo un perro listo y sin pedigrí llamado Boby parece detectar.

CORINA ARRANZ


domingo, 12 de agosto de 2012

"Para un geólogo la vida es un paseo por el campo" (Anónimo)

Mi Álbum de Fotografías en GOOGLE

domingo, 12 de agosto de 2012

Ruta por Ribera del Fresno

Una ruta sencilla, de unos 10 kilómetros entre viñedos y olivares y una noche perfecta para practicar senderismo, con un viento agradable y bajo un cielo precioso, como son los cielos de agosto, plagado de estrellas, espectacular.
Organizada por el ayuntamiento de la localidad enmarcada dentro de las actividades Verano 2012. Junto con otros compañeros senderistas, la mayoría jóvenes de Ribera, dimos una vuelta por el término municipal.

Había un mercado medieval
Viñedos en Tierra de Barros

jueves, 2 de agosto de 2012

FUNDACIÓN
Tras la concentración del pasado martes 31 de julio, las medidas que se van a tomar para el mes de agosto son:
Solicitar una reunión con el consejero de Sanidad de la junta de Extremadura.
Para el próximo martes 7, como todos los martes a las 21h concentración en la plaza de España, a continuación hay convocada una manifestación por algunas calles de la población, se pide que se lleven silbatos, cacerolas, tambores, cencerros, bocinas, etc. todo aquello que haga ruido para ser escuchados. Las personas que tengan la camiseta se pide que la lleven puestas.
El martes 14 por ser fiesta del emigrante se ha decidido no hacer concentración, la siguiente será el martes 21.
Para el sábado día 25 de agosto la asociación juvenil dos orillas tiene programado hacer unos actos reivindicativos de todo lo público, le ha pedido colaboración a la plataforma para estar presente, la programación está por definir aún.
Se ha elegido a Juan Francisco Llanos Báez como relaciones públicas, quien se encargará de pasar la información de todo lo que ocurra en torno a la plataforma por la sanidad pública en Ribera del Fresno.
Si alguien quiere la camiseta que nos identifica, puede apuntarse diciéndoselo a Ángel o Alim, miembros de la plataforma, si se reúnen más de 60 saldrá a un precio de 3€.

domingo, 6 de mayo de 2012

Excursión por Ribera del Fresno


domingo, 6 de mayo de 2012

REDACCIÓN SOBRE LA EXCURSIÓN A RIBERA DEL FRESNO



      El jueves 26 de abril fuimos de excursión a Ribera del Fresno los cursos de 
tercero de la ESO del IES "Meléndez Valdés"Todos llegamos al instituto aproximadamente a las nueve y cuarto, aunque algunos llegaron un poco 
más tarde. Estaba lloviendo mucho, por lo tanto, todos teníamos un paraguas 
en la mano. Cogimos el autobús, nos bajó en la Iglesia de “El Cristo” y allí 
esperamos a María del Carmen (la guía) y a Emérita. Nos separamos en dos 
grupos y la guía se fue con el otro grupo.

     
    En primer lugar, visitamos la Casa de la Cultura donde vimos un documental 
sobre la vida y obra de Juan Meléndez Valdés, hombre ilustre de este pueblo y 
que da nombre a nuestro instituto. Seguidamente, nos enseñaron otras estancias 
de la Casa de la Cultura como el sótano;  una sala con antiguos objetos de trabajo; 
un pequeño molino de aceite; una sala dedicada al Cerro de Hornachuelos y a La 
Vía de la Plata donde también pudimos ver un vídeo. Esta Casa de la Cultura perteneció a una señora llamada Doña Alegría y fue su sobrino el que la donó al 
pueblo. Cuando salimos de allí seguía lloviendo. 

   Posteriormente,  María del Carmen, entre otras cosas,  nos enseñó la fachada de una casa que 
valía un millón de euros; una iglesia donde se encontraba la patrona de Ribera del Fresno; la 
Capilla de San Juan Macías y aquí nos contó 
varios milagros como el de la olla llena de arroz; 
la casa natal de Juan Meléndez Valdés y su busto. 

    Por último, regresamos a la Iglesia del Cristo y subimos al campanario. Con esto finalizamos la ruta, cogimos el autobús y nos 
fuimos de vuelta para Villafranca.
  
     En conclusión, esta ruta ha sido gratificante, a pesar de la lluvia, al visitar varias iglesias y casas 
que han pasado a la historia de la localidad vecina. Aunque el día fue lluvioso pudimos aprender un 
poco de la historia de Ribera del Fresno. Y todo 
ello gracias a la información que nos aportaban 
María del Carmen y a la profesora del centro, 
Emérita.

      Alumnos de 3º de la ESO B.

 

 

 

domingo, 18 de marzo de 2012

Relación de algunas niñas y niños que estaban escolarizados en marzo de 1922

Historia de la Educación Pública de Extremadura en el Antiguo Régimen (siglos XVI, XVII y XVIII) 
Según el Cuadro VI. dentro del Partido de Llerena. Distribución de escuelas. Destacan las dieciséis escuelas dedicadas a las niñas y las ocho mixtas, auténtica promoción de la mujer, con Ribera del Fresno, Fuente De Cantos, Llerena, Azuaga y Montemolín con más de una. Dentro del fenómeno, se acentuaron Azuaga, Montemolín y Ribera del Fresno al superar a las de niños. Era patente la supremacía sobre el resto de Extremadura, aunque no escapase a paradojas de núcleos con alto censo y menor o igual número de escuelas que otros más deshabitados, casos de Guadalcanal-Malcocinado o Fuente del Maestre frente a Hinojosa del Valle o Valencia de las Torres. Y es que Ribera del Fresno con una población de 1.958 habitantes, poseía una de niños y dos de niñas, frente a una Segura de León que empataba niños con niñas en una sólo, eso sí, solo Puebla del Maestre tenía una clase mixta. No siempre transcurrieron las cosas con normalidad, pues hubo épocas y lugares en los que la ausencia de atención escolar fue patente. Además, poblaciones de pocos habitantes, como La Parra, Montemolín o Rivera del Fresno, llegaron a tener igual número de escuelas que otros lugares que duplicaban, o casi lo hacían, su vecindad. Las razones de esa disparidad fueron de variada índole, aunque en la mayoría de las ocasiones predominaran las vinculadas al sustento económico, ya proviniese de dotación municipal, familiar o piadosa. Las aportaciones privadas imperaron sobre las públicas en estos casos por ser el fundamento de las escuelas pías, creadas a instancias de la iniciativa personal. El reparto docente no fue tampoco unitario en el sentido de ejercer una maestra por lugar, sino que hubo localidades donde impartieron varias maestras de manera simultánea. Aquello, espléndido para las beneficiadas, desequilibró aún más la distribución desde una perspectiva generalizada. De los 41 núcleos que poseyeron mujeres dedicadas a la enseñanza, 25 tuvieron una única docente y 16 mayor número. Las mejores condiciones fueron para Don Benito y Jerez de los Caballeros que, con cuatro maestras, marcaron la relación más elevada de Extremadura. Les siguieron con tres, Alburquerque, Azuaga, Barcarrota y Casar de Cáceres, también con circunstancias didácticas envidiables. Por último, todavía en ventaja sobre el resto, figuraron con dos educadoras Cáceres, Fuente de Cantos, Llerena, Montemolín, Rivera del Fresno, La Parra, Trujillo, Valencia de Alcántara, Villalba y Zafra. Historia de la Educación Pública de Extremadura en el Antiguo Régimen (siglos XVI, XVII y XVIII) por Juan Carlos Vázquez Calvo.

Relación de algunas niñas y niños que estaban escolarizados en marzo de 1922 en Ribera del Fresno
Escuela de niñas que dirige doña María Geijo y Abad:
Francisca Exojo
María Tabero
Isabel Godoy
Ángeles Álvarez
María Jiménez
Primitiva Pérez
Ángela Campos
Consuelo Barroso
Amelia Pérez
Estrella Castilla
María Ponce
Francisca Orellana
Rosario Báez
Teodora Báez
Rosa Deseado
Jacinta López
Estrella Tabero
Ángela Tabero
Visitación Suárez
Amparo Oteros
Narcisa Reyes
Isabel Mª Pavón
Joaquina Reyes
Dolores Seco
Dolores Carmona
Dolores Ledesma
Carmen Aguilar
Amparo Llanos
Juana Rosa
María González
Concepción Castilla
Remedios Caballero
María González Orellana
Ascensión Campillejo
Vicenta Franco
Ana Caña
Antonia Tabero
Encarnación Viñuelas
Visitación Valverde
María Fernández González
Justa Cachadiña
Catalina Deseado
Rosa Ponce
María Barrera
Florencia Báez
Carmen García
Manuela Sánchez
Bienvenida Montero
Manuela Gil
Ángela Caballo
María Pavón
Antonia Díaz
Ángela Gordillo
Casilda Casco
Ana Carmona
María Salguero
Cecilia Rodríguez
Estrella Suárez
Josefa Lavado
Teodora Toro
María Gómez Suárez
Joaquina Gómez
Ángela Rebollo
Florencia Araya
Josefa Ruiz
Encarnación González
Micaela Carretero
Ramona Galán
Juana Martínez
Antonia Gómez
Manuela Reyes
Bernarda Blanco
Agustina Valencia
Isabel Risco
Josefa Jiménez
Escuela de doña Sofía de Groiss:
Felisa Álvarez
Concepción Carretero
Carmen García
Luisa Mestres
Piedad Rodríguez
Dolores Rodríguez
Florencia Castilla
Francisca Vital
Isidora Rodríguez
Justa Rubio
Felisa Otero
María Suárez Rodríguez
Felisa Rodríguez Delgado
Leonor Domínguez
Ana Fuentes
Rosa Gómez
Ángela Gutiérrez
Isabel Mejías
Rosario Fuentes
María Martín
María Rodríguez
Isabel Brazo
María Moreno
Fermina Seco
Victoria Llano
Felisa Rodríguez Salguero
Dolores Alonso
Lourdes Artiaga
Antolina Artiaga
Jerónima González
Ana Flores
Luciana Flores
Pura Castillo
Cándida Fuentes
Visitación Fuentes
María Cáceres
Dolores Campos
Magdalena Carranza
Dolores Gómez
Visctoriana Moreno
Ana Ramos
Rosario Zapata
Modesta Guerrero
Dolores Palletas
Teresa Palletas
María Sayago
Telesfora Sayago
Refugio Valcárcel
Dolores Fernández
Isabel Fernández
Manuela Tabero
Ángela Gordillo
María Suárez Fernández
Jerónima Fernández
Josefa Tabero
María Granero
Encarnación González
Manuela Cruz
Valentina Moreno
Francisca Pavón
Concha Fernández
Felisa Tabero
Magdalena Carranza
Josefa García
Josefa Lavado
Escuela de don Pelayo González Moruno:
Antonio Suárez
Emilio Rodrñíguez
Manuel Rodríguez
Antonio Exojo
Diego López
Wenceslao Sánchez
Ramón Palleta
Anselmo Castilla González
Pedro Martín
Francisco Castillo
Manuel Viondi
Joaquín Viondi
Manuel Martín
Vicente García
Wenceslao Pérez
Antonio Ruiz
Aureliano Otero
Pedro García
Manuel López
Damián García
Manuel Vázquez
Javier Moro
Francisco Jiménez
Juan Jiménez
José Alonso
Jesús Contreras
Pedro Pachón
Ángel Martínez
Cayetano Rodríguez
Fernando García
Cecilio Monzú
José Reyes
Wenceslao Rodríguez
Juan José Salguero
Cándido Ledesma
Manuel Calderón
Juan Merino
Amador Cachadiña
Antonio Rodríguez
Lorenzo Campillejo
Fernando Vázquez
Leopoldo Cruz
José Gutiérrez
Anselmo Castilla Rodríguez
Manuel Báez
Wenceslao Gutiérrez
José Pérez
Wenceslao Rodríguez Arias
Ramón Pérez
Juan Suárez
Wenceslao Salguero
Juan Guerrero
Anselmo Castilla Valverde
Miguel Ledesma
Domingo Ledesma
Pilar Arias
Julio Arias
Ángel Hurtado
Remigio Contreras
Julián González
Miguel Caballero
Severiano Martín
José Antonio Martín
Rafael González
Francisco Flórez
Escuela de don Cándido Gordón García:
Luis Aguilar Roncero
Miguel Fuentes Aguilar
Manuel Ponce Toro
Manuel Risco Vázquez
Francisco Vázquez Martínez
Antonio Vázquez Martínez
José Blanco López
Joaquín Tabero Aguilar
Antonio García Caña
Victoriano García Aguilar
Ignacio Blanco López
Francisco García Sayago
Manuel González
Salustiano Santorre
Manuel Mario
Francisco Moreno Pavón
Florencio Moreno Pavón
Julio Campillejo
Joaquín Tabero
Francisco Campillejo Sayago
Joaquín Díaz Fuente
José Fuente Ramiro
Antonio Monzú Álvarez
Antonio Pérez Carmona
Diego Fernández Martínez
Ángel Merino
Juan Díaz Fernández
Fabián Campillejo Sayago
Valeriano Gómez Risco
Isidro Gómez Moreno
Juan José Ledesma
Casimiro Moreno
Wenceslao Fuente Monzú
Lorenzo Fuente Monzú
Miguel Chacón Blanco
Manuel Risco Pizarro
Diego Chacón Blanco
Luciano Sánchez Sayago
Antonio Gómez Moreno
Antonio Lavado Calero
José Pavón Risco
Antonio Suárez Tabero
Francisco Llano Fernández
Victoriano Sayago Campillejo
Fernando Chacón Blanco
Joaquín Cáceres Salguero
José Cáceres Salguero
José Vargas
Fabián Martín
Francisco Moreno Sayago
Antonio Caballero Fuentes
Eugenio Somoza de la Cámara
José Merino
José Antonio Ponce
Antonio Valcárcel
Casimiro Blanco Castro
Antonio Casco Suárez
Domingo Caballo Vázquez
Joaquín Vital
(Sacado del periódico "Correo de la mañana" del 24 de marzo de 1922) Por José Javier Romero Cachaza.

viernes, 24 de febrero de 2012

Ribera del Fresno y las 100 pesetas

 CORREO DE LA MAÑANA 
Año XII Número 3422-1925 febrero 24

Ribera del Fresno 

   El vecino de esta localidad Domingo Fernández, ganadero de profesión, dejó sobre una mesa de su domicilio un billete de 100 pesetas.
   Una de las cabras que posee, estimando como buen alimento el papel moneda, sin que nadie pudiera impedirlo, engulló rápidamente el billete ante la desesperación de su dueño, el cual pensó en sacrificar la res; pero reconociendo que perdía más y que seguramente el billete al ser rumiado se destroyó, optó por conformarse.
   El hecho es comentado en todo el pueblo por tratarse de un ganadero que cuenta con muy escasos recursos, dándose el caso de que las 100 pesetas perdidas eran el único numerario de que disponía.