En Ribera del Fresno hoy es sábado, la helada de la noche
ha sido intensa y el pueblo se despereza precavido, como aguardando a
que los rayos del sol derroten a la 'pelona'. «Este frío le vendrá bien a
los chorizos», piensan los Pérez, los Suárez y los Sánchez. Estas tres
familias andan en danza desde antes de las seis de la mañana. Hoy toca
matanza y a las siete empezaron la tarea: sacrificaron tres guarros
(«por ahí arriba, por Cáceres, les dicen cochinos, pero aquí son
guarros») y después, harán chacina para cinco casas.
En la Casa de Cultura, Manuela Campos espera los primeros visitantes
del día. Concha del Barco, la directora del hogar de acogida de mujeres
discapacitadas, ya está en su puesto y Dimitri y Yamba se desperezan
tras dormir largo y tendido: hoy toca partido contra el Salvatierra, un
equipo que les pisa los talones, y hay que estar descansados y en forma.
Yamba es de Senegal y Dimitri, rumano, ambos juegan en la Sociedad
Polideportiva Ribereña, un club de Primera Regional que más bien parece
de la 'Premier League' por la mezcolanza internacional de su alineación.
«Buenos días, alcalde». Antonio Fernández es quien manda en Ribera
del Fresno. Tiene 35 años, es químico, lleva cinco años al frente del
pueblo y nos recibe en chándal rodeado de postales de Coup de Soup,
Woody Allen y Picasso. «Es que aquí tenemos alcalde comunista, sabe
usted», informan en la plaza principal. «Pero es muy buen muchacho»,
añaden en un acto reflejo marcado por atavismos antiguos: lo de ser
comunista aún exige la aclaración de que no se trata de una perversión
demoníaca.
A esta Plaza Mayor la llaman también Plaza de Rumanía porque al
atardecer se juntan en ella medio centenar de rumanos a verse y a
comunicarse mientras comen pipas. Porque en Ribera del Fresno están
empadronados 70 rumanos y 15 senegaleses. El resto, hasta 3.621
habitantes, son 'nacidos y criados' y convierten el pueblo en la
localidad extremeña más importante gobernada por Izquierda Unida.
Sin hoteles
«En este pueblo no hay un voto fijo. Desde 1979 han gobernado
UCD, CDS, PSOE y ahora IU», aclara el alcalde. En el pueblo no hay
grandes latifundios y la tierra está, en general, bastante bien
repartida. «Habrá un par de casas grandes con cuatro o cinco empleados
todo el año. Después tenemos cooperativas de aceite y vino, dos
industrias, de montaje de placas, y lo que faltan son servicios pues aún
no contamos con plazas hoteleras, aunque sí con 33 negocios de
hostelería», detalla la primera autoridad local.
En el pueblo se nota vida y desarrollo. Quizás por eso atrajo a un
grupo de inmigrantes rumanos que pronto fueron asimilados y parecen
integrados. Llegaron en noviembre de 2004 y hoy están todos
empadronados, con papeles y viviendas dignas. El origen de la
inmigración senegalesa es más curioso. Eran diez componentes de un grupo
folclórico de la ciudad de Ballifor que vivían en Barcelona
ilegalmente. Allí conocieron en un festival a los riberenses de
Valdemedel, el conjunto de folclore de Ribera. Entablaron gran amistad y
Pepe Masa, director de Valdemedel y del colegio público y ex alcalde
por el CDS, se preocupó de conseguirles en el pueblo piso y trabajo.
Hoy, los senegaleses están tan integrados que, siendo musulmanes,
acuden a los entierros cuando la campana toca a difuntos, tienen novias
locales y hasta participan en las procesiones, tocando los timbales, y
en el equipo de fútbol, marcando goles.
S.P. RIBEREÑA. Un club de rumanos, extremeños y senegaleses
Claro está que lo de los negros de Ribera no es una novedad. A este
pueblo llegó en el siglo XVI un noble portugués llamado Brito, que trajo
consigo esclavos de raza negra que se asentaron en una calle del
pueblo. En ella está una iglesia cuyo retablo tallaron y de donde sale
la cofradía del Santo Entierro. De ahí viene la tradición de los negros
de Ribera pues aseguran que en el pueblo se distinguen fácilmente rasgos
de esta raza en los vecinos. Medio milenio después, la historia se
repite.
El pueblo es conocido por ser la patria chica del escritor Meléndez
Valdés, del geómetra Alonso García Bravo, que diseñó los planos de
Ciudad de México, y de san Juan Macías, misionero en Perú, al que se le
conoce como el 'Ladrón del purgatorio' por su empeño en arrebatar almas
purgadoras para llevarlas al cielo.
Pero quizás sea más importante que ese pasado de santos y nobles, un
presente de convivencia sin xenofobia o de atención social a las
mujeres mayores con discapacidad intelectual. Esta labor la llevan
adelante en La Providencia, una casa de acogida perteneciente a la
Institución Secular de Nazaret donde conviven todo el año 72 señoras
mayores y 56 empleadas que las cuidan.
Concha del Barco Miranda es la directora de La Providencia desde
1983. Llama a las internas 'las niñas' y coordina la labor de talleres
variados y actividades continuas. Recorriendo las instalaciones, 'las
niñas' se acercan a saludar y cuentan que son de Alcuéscar, de Feria, de
Alburquerque, de Cáceres... De Extremadura entera.
La Providencia sale adelante gracias a importantes subvenciones de
la Junta, ayudas de entidades como la Caixa o donaciones de personas
anónimas o de personajes populares como el torero Miguel Ángel Perera.
Algunas internas solo tienen a sus cuidadoras como única familia. Otras
vienen a desear buenos días y a comunicar que están muy contentas porque
se van a casa en Navidad. Maribel, que es cuidadora desde hace diez
años, resume la esencia de su trabajo: «Cuando entras aquí, te olvidas
de tu familia, de si es día de fiesta... Esta es tu segunda casa y tu
segunda familia».
Cerca de La Providencia está la Casa de Cultura de Ribera. En ella
hay cafetería, salas de trabajo, museo y un centro de interpretación.
Manuela Campos enseña el edificio, que en su tiempo perteneció a Alegría
Vargas Zúñiga... Bueno, en el pueblo todo el mundo la conoce como doña
Alegría. Fue donada en 1991 por José María Vargas Zúñiga... También don
José María.
Los marqueses y el don
Resulta curioso que en los folletos riberenses, los escritores o
escultores que aparecen (Álvaro Valverde, Juan Meléndez Valdés o Pedro
Roldán) se citen sin tratamiento, pero los marqueses lleven el don
respetuoso. Quizás sea ese juego formal lo que favorezca una relación
cordial y fructífera entre el alcalde comunista, las instituciones
eclesiásticas y esa vieja nobleza extremeña para la que Ribera del
Fresno fue algo así como su Marbella del siglo XIX, adonde venían a
pasar temporadas de asueto.
Manuela te lleva de sala en sala por la antigua mansión de doña
Alegría y te narra anécdotas curiosas como la de que se quiso casar con
su hermano Rodrigo para no dividir la herencia, pero no pudo al no
conseguir dispensa papal, contrayendo nupcias con su primo Joaquín
Álvarez del Vayo, hermano del ministro de Estado de la II República, con
quien se hablaba de usted y al que encerraba en una alacena para que no
se fuera de cacería. Leyendas y sucedidos como la canción que Ribera
dedicó a coro al dictador Primo de Rivera (Jerez de la Frontera, 1870)
cuando vino de visita: «Bienvenido sea, don Miguel, a este pueblo, que
lo vio nacer».
Pero el día avanza y los Suárez, los Sánchez y los Pérez ya tienen
colgados los chorizos, salpimentados los salchichones y guisado el
relleno de las morcillas de lustre. Son 25 personas trabajando: suegras y
consuegras, hijos, nietos, primos... Se animan con migas y bizcochos,
con croquetas y sardinas, con cordero en caldereta y pollo en pepitoria.
Aunque lo más llamativo de esta matanza es que los cerdos se matan y
los lomos se embuten en una iglesia del siglo XVI, que fue
desamortizada y pasó a manos del bisabuelo de Antonio, el jamonero de
los Suárez-Pérez-Sánchez. Aún se distinguen las pinturas del retablo de
esta capilla del Cristo de la Misericordia. Los chorizos cuelgan bajo la
cúpula, los jamones reposan en la sacristía y todo se confabula para
llenar de encanto este lugar de un país que nunca te acaba de
sorprender. Ribera del Fresno.
Isaac Peral, la Obregón y Cosme de Médicis
23.12.07 -
En un interrogatorio de la Real
Audiencia de 1791, se recoge esta frase del encuestador: «Solo me he
encontrado con tanta casa palaciega en Llerena y Ribera del Fresno». Han
pasado más de 200 años, pero las calles de Ribera del Fresno siguen tan
repletas de casas nobiliarias como cuando habitaban en la villa 22
estirpes de alcurnia mayestática. En una de ellas se alojó, entre 1890 y
1895, el inventor del submarino, Isaac Peral, que acudió a Ribera para
instalar unos generadores de su invención en la fábrica de luz y harina y
luego los colocó también en la harinera de Villafranca. Esa casa acaba
de ser comprada por el onubense Manuel Jesús Rodríguez López y el
italiano Domenico d'Eusanio con el fin de instalar en ella un hotel y un
restaurante basados en la filosofía del 'slow food', es decir, la
comida lenta, gustosa y placentera. Otra mansión, la Casa Gragera, tenía
una magnífica fachada plateresca, que en los años 30 fue vendida, según
parece, a Hearst, magnate de la prensa norteamericana que inspiró a
Orson Welles la considerada mejor película de la historia del cine:
'Ciudadano Kane'. El intermediario fue un comerciante extremeño llamado
Antonio Gómez del Castillo, que también estuvo a punto de vender el
convento de Calera de León, que finalmente se salvó. En una casa noble
de Ribera del Fresno, la del vizconde de la Montesina, se alojó en el
siglo XVI el príncipe italiano Cosme de Médicis. Actualmente está en
venta el magnífico palacio de Quintanilla, que atesora una colección de
trajes de época (es considerada la segunda mejor de Europa tras una de
Oslo) seleccionada por el equipo de la película 'Titanic' para copiar
los diseños. Por el palacio se interesan y lo han visitado, según sus
dueños, desde Ana García Obregón hasta el torero Pepín Liria. En el
pueblo se dice que piden un millón de euros, negociables.